¿Cómo trabajo?

Hay dos elementos que cuido especialmente, y que trabajo de manera constante, para ofrecer lo mejor de mí a cada persona que acude a mi consulta: la escucha y el valor de la palabra.

La escucha

La escucha dentro de un proceso terapéutico no es como la escucha que nos surge de manera automática en nuestro día a día. Dentro de la terapia se activa una escucha que va más allá del discurso literal que puede contar una persona, lo que permite escuchar lo que dice, lo que no dice y lo que está entre líneas.

Este tipo de escucha me permite ver cuáles son las conexiones y las repeticiones que se suceden cuando alguien está sufriendo, porque el síntoma solo es la manera en la que se expresa el dolor, no la causa. Esas conexiones y repeticiones son aspectos centrales para entender a la persona en su conjunto, ver cuál es el eje de trabajo que hay que seguir y que, finalmente, esa persona pueda vivir con más tranquilidad y de una manera más placentera.

Los síntomas

El síntoma es la manera en la que se expresa el dolor.

¿Esto qué quiere decir? Hay un ejemplo que uso desde que comencé a trabajar y me parece muy ilustrativo. Todos sabemos que la fiebre es un mecanismo de defensa del cuerpo que se produce cuando el sistema inmunitario está luchando contra algo. Por tanto, nadie elimina la fiebre -que es el síntoma- sin seguir preguntándose qué es lo que la está provocando, ¿una infección, una enfermedad, una inflamación?

Lo mismo sucede con el mundo emocional. La fiebre es un síntoma, como lo puede ser la ansiedad, estar angustiado, triste, etc. Son avisos, señales, de que hay un conflicto interior más hondo que toma su primera apariencia de esta manera. El síntoma puede ir desapareciendo como efecto de la terapia, y tan importante como el alivio del malestar que produce, es escuchar, apalabrar y trabajar qué es eso que está generando ese desazón interna que se muestra en la vida a través de los síntomas.

La palabra

Por ello, la palabra es tan importante en este marco de trabajo. Razón por la que en el inicio de la web habrás visto que pone la palabra libera, porque realmente pienso que cuando una persona comienza a poder hablar de lo que le sucede, ya sea organizada o desorganizadamente, cuando puede ir creando un discurso sobre su malestar y ve cómo se va asociando a otras partes de su vida, va encontrando sentidos y entendiéndose, se produce un efecto liberador.

Entonces, tan importante es la palabra del que necesita hablar para ordenarse, como aquel del que escucha y le ofrece o incluso le presta palabras para poder acercarse más a lo que siente, para llegar a pensar las cosas desde otro lugar y abrir puertas que inauguren la posibilidad de soltar, recoger, desmontar y transformar el sufrimiento en otra cosa, sin que uno deje de ser quien es.

La individualidad

El respeto a la subjetividad de cada uno, sin marcos que encasillen. Sin tiempos que apremien, solo el ritmo de cada uno para poder afrontar y hablar de lo que realmente necesita.

Este es un trabajo que se aleja de las etiquetas y las categorías diagnósticas, pues aunque a veces es necesario conocer ciertas estadísticas de salud mental, en el trabajo de consulta me parece imprescindible escuchar a cada uno por quien es, único. Sin etiquetas que cierren las posibilidades o que favorezcan la construcción de identidades que borran la subjetividad de la persona.

Cada día de trabajo, después de tantos años, confirmo y reconfirmo que es la manera en la que una persona puede sentirse cómoda, libre y acogida para poder hablar desde su propio lugar, sin miedo a los juicios ajenos, sin temor a la losa que supone un diagnóstico con todas las creencias populares que circulan por la sociedad.

No creo en las pautas ni en las recetas psicológicas. Creo en el poder del vínculo que se crea entre paciente y terapeuta para pensar juntos las inquietudes, los temores e ir creando un espacio donde la persona pueda crecer, sentirse autónoma y libre para escoger su camino.

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