La adolescencia es un momento muy intenso, hermoso, incluso divertido, pero también puede hacer que uno sienta que el mundo entero se le ha puesto del revés. Es frecuente que sientan que nadie les entiende, incluso ellos mismos muchas veces no se entienden y eso les puede generar mucha angustia. Pueden sentir que el mundo está en contra de ellos, que no les dejan ser quienes quieren ser. Torpedean los límites y echan pulsos a los padres o tutores, incluso sin darse cuenta, y otras veces a conciencia.

Es un momento en el que la sexualidad resurge con fuerza. El cuerpo cambia y lo íntimo se convierte en público, a través de esos aspectos físicos que cualquiera puede percibir. A veces aparece la vergüenza, la comparación, el querer ocultar esos cambios y, en otras ocasiones, aparece todo lo contrario, la búsqueda de la mirada que reafirme al adolescente.
En todos ellos, en mayor o menor medida, está el temor sobre si son o no queridos por sus iguales, por sus padres, si merecen la pena.
Es un tiempo de grandes cambios y de decisiones, es un tiempo de construcción de quiénes son y quieren ser, por ello, también es un buen momento para consultar y ayudarles a prepararse para salir al mundo sin menos mochila.
Cómo es el trabajo con adolescentes
El trabajo con adolescentes va a variar de la edad del mismo. Generalmente, se realizan unas entrevistas con los padres (sin el hijo/a) para poder conocer cuál es el malestar que ven, cuál es la historia vital del adolescente y también la posibilidad de conocer a la persona con la que su hijo/a va a trabajar.
Estas entrevistas se unen a las entrevistas con el adolescente, que son individuales (sin los padres), para que pueda hablar en voz propia de sus malestares, de sus preguntas, incluso de que pueda venir con ganas o de que no quiere venir a consulta. También es la oportunidad para el adolescente de conocer un espacio diferente, donde se escucha y se trabaja de una manera diferente a las relaciones que tiene fuera.
Después de estas entrevistas, tendrá lugar un encuentro donde se explique a padres y, por otra parte, al adolescente, qué es lo que se ha escuchado durante las entrevistas y cuál sería la línea de trabajo más acertada para este caso en concreto. Por supuesto, la confidencialidad va a estar siempre activa para que el adolescente pueda hablar con confianza y seguridad, sin descuidar a los padres.
¿Cuándo llevar a un adolescente al psicólgo?
En algunos ejemplos de malestares y síntomas que pueden derivar en acudir a un psicólogo son:
- Baja autoestima y baja confianza en sí mismo.
- Conflictos corporales.
- Dificultades con la alimentación.
- Estar muy ansioso: morderse las uñas de forma excesiva, arrancarse el pelo, etc.
- Problemas con la autoridad (padres, colegio, etc.).
- Dificultad con los estudios para concentrarse, para atender en clase, desmotivación.
- La pérdida de alguien amado.
- Agresividad desmedida.
- Ser humillado o hacer que otros se sientan humillados.
- Dolores físicos recurrentes que pueden tener una causa emocional.
- Dificultad para separarse de los familiares.
- Dificultad para poder dormir.
- La tristeza.
- Problemas para relacionarse con sus iguales o para tener relaciones de amistad.
- Copiar a los demás y no ser él mismo.
- Querer hacer siempre lo que los otros quieren sin pararse a pensar en qué quiere él.
- No encontrarse nunca satisfecho con los logros que obtiene.
- Autolesiones.
Mª ángeles Barja
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