La palabra es el vehículo para descargar el sufrimiento, la posibilidad de hacer que otra persona pueda entender lo que uno está viviendo y, también la palabra que recibe del terapeuta es la oportunidad de crear un nuevo encuentro con uno mismo que le ayude a entender por qué le pasa lo que le pasa. Esa es la puerta para generar cambios reales y duraderos.

Entonces podemos decir que la psicoterapia tiene que ver con la relación que hay entre paciente y terapeuta,
- donde se suma la palabra que dice el paciente,
- con la escucha receptiva y respetuosa del profesional,
- la palabra que éste le devuelve sobre lo que cuenta desde otro lugar que favorezca la posibilidad de poner luz en donde uno solo ve oscuridad
- y la capacidad de escuchar, recoger e incorporar algo nuevo por parte del paciente.
Es un nudo hermoso que se va tejiendo de manera cuidada, donde se respeta la unicidad del paciente y se trabaja caso por caso.
¿En qué consiste la psicoterapia para adultos?
Como esquema general, la psicoterapia para adultos está formada por una serie de entrevistas iniciales que permiten que el posible paciente y el terapeuta se conozcan para ver si están cómodos trabajando juntos, conocer cuáles son los síntomas y malestares que le han llevado a consultar, al igual que permite la posibilidad de ir abriendo preguntas diferentes que ayuden a dar respuesta a las preguntas que trae el paciente.
Después de estas entrevistas iniciales, hay un espacio para que el terapeuta pueda contar al paciente qué es lo que ha escuchado y cómo cree que sería el trabajo a realizar basado en el caso concreto.
¿Cuáles son las causas que llevan a consultar a un psicólogo?
Algunos ejemplos de las causas que pueden llevar a consultar son:
- No puedo dejar de darle vueltas a un tema, una y otra vez.
- Me dan miedo los perros, incluso los más pequeños.
- No sé si quiero ser madre/padre y tengo que tomar una decisión.
- Acabo de ser madre/padre y me siento muy angustiado todo el rato. No puedo dejar de pensar si lo hago bien y parece que nada es suficiente.
- No me siento bien, sé que algo me está pasando pero no sé el qué.
- No sé lo que quiero.
- Me cuesta mucho tomar decisiones, tanto que dejo que los demás decidan por mí.
- Me paso la vida intentando contentar a los demás y ya no sé cómo no hacerlo.
- Me siento pequeño/a cada vez que me comparo con alguien, y lo hago a menudo.
- Mi pareja no me entiende o yo la entiendo, temo que se pueda terminar.
- Mi pareja ha terminado la relación y no sé qué ha pasado, no sé si voy a poder superarlo.
- Me dicen mis amigas que estoy en una relación de dependencia pero no sé si es verdad.
- Tengo síntomas físicos y me han dicho que es por causa emocional.
- No puedo dormir de la ansiedad, mi cabeza no para de repasarlo todo una y otra vez.
- A veces me hablo muy mal y me hundo yo solo.
- Ya no sé quién soy.
- Me avergüenza decirlo pero consumo esta sustancia y no sé cómo dejarlo.
- Tengo una angustia, aquí, en el pecho, que ya no sé qué hacer. Me cuesta levantarme de la cama, hacer algo.
- No puedo dejar de llorar.
- Ya no sé qué hacer con mi familia, siento que me exigen más de lo que puedo dar.
- Me gusta alguien que no es mi pareja.
- No puedo concentrarme, me distraigo hasta con una mosca.
Mª ángeles Barja
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