Este verano tuve un encuentro en el que me preguntaron cuál era la diferencia entre la psicología conductual y el psicoanálisis. Entre medias de mi explicación, uno de los asistentes interrumpió para aseverar que los psicoanalistas lo explican todo desde Complejo de Edipo, y por más que intenté hacerle comprender que lo que entendía por este complejo no era la lectura correcta y que no es el concepto fundamental del psicoanálisis, no hubo manera. Razón que me trae hoy aquí; por una parte, para satisfacer mi deseo de poner en palabras lo que no pudo escuchar, por otra parte, responder a la pregunta que en tantas ocasiones me han formulado.
Principales diferencias entre conductismo y psicoanálisis

El inconsciente
El concepto fundamental del psicoanálisis es el inconsciente. Este es la piedra angular de toda la teoría que desarrolló Sigmund Freud a lo largo de los años, la que permite entender los entresijos del alma humana, sus deseos, sus conflictos, el odio, el amor.
El inconsciente permite entender los entresijos del alma humana, sus deseos, sus conflictos, el odio, el amor
Tal y como escribí en un artículo para el Colegio de Psicología de Madrid, este concepto fue introducido previamente por los filósofos Schopenhauer y Von Hartmann. Sin embargo, será Freud el que lo desarrolle como un sistema propio del aparato psíquico, confiriéndole un lenguaje único, encontrando sus manifestaciones en el chiste, el lapsus, el sueño…, pudiendo desentrañar las leyes que lo rigen, los contenidos que lo conforman, su temporalidad, sus efectos.
Si buscamos la definición de inconsciente en la Real Academia de la Lengua Española, la acepción 4, indica «Conjunto de caracteres y procesos psíquicos que, aunque condicionan la conducta, no afloran en la conciencia». Es decir, lo inconsciente es aquello que no es consciente, aquello que nos resulta desconocido, pero no solo eso, No solo es algo descriptivo, como señalábamos antes, es un sistema propio.
Así dicho, puede parecernos algo lejano y poco asequible, pero cada uno de nosotros lo podemos observar con facilidad en nuestra vida, incluso en la de los otros.
Ejemplos:
Esta sería la visión desde el psicoanálisis. Desde el conductismo no existe el inconsciente mismo. Se estudia la conducta, entendiendo a la persona desde una línea estímulo – respuesta, donde hay un ambiente, un pensamiento o un hábito que influencia su manera de proceder.
Metodología
La metodología también difiere ampliamente. En el psicoanálisis el valor está puesto en la palabra, la cual es el vehículo que permite que tanto el paciente como el analista puedan ir adentrándose en los procesos conscientes, preconscientes e inconscientes de la persona. Se le anima a que cuente cualquier cosa que se le ocurra, por tonto o vergonzoso que pueda parecerle, de manera que ambos van construyendo caminos y puentes que permitan ir comprendiendo de qué sufre.
No se trabaja de una manera estructurada ni cerrada, si no que el paciente va creando su propio discurso a su ritmo, en base a sus posibilidades. No se corre, no se mete prisa, no hay unos tiempos impuestos desde fuera, sino que se favorece y se interviene para que las defensas puedan ir cayendo, para que uno pueda ir abriéndose, para generar un cambio real.
Cada paciente necesita su propio tiempo para hablar, para contar, para pensar. El psicoanálisis siempre es en nombre propio, no en base a un síntoma o una pauta general. Es el respeto a la subjetividad.
Como has podido leer en el apartado “¿Cómo trabajo?”, el síntoma se entiende como una manifestación de un malestar al que se da un lugar, se le escucha como un enigma, como portador de un mensaje que hay que desentrañar para comprender qué es lo que lo provoca, lo que lo sostiene y lo que encubre. Por ello, se trata de un trabajo centrado en cada persona, respetando la propia subjetividad del individuo, su manera de ver y vivir en el mundo.
Se trabaja caso por caso, de manera que no se le dice al paciente qué ha de hacer, si no que se le acompaña en el proceso de decidir, de pensar, despejando y señalando, pero no pautando.
Hay otros conceptos fundamentales que también forman parte de la metodología del psicoanálisis como es el análisis de la transferencia, entre otros.
En la psicología conductual las entrevistas y las intervenciones son estructuradas o semiestructuradas. Se suele centrar en el síntoma del paciente que hay que quitar o modificar, ofreciendo unas pautas y directrices para ese tipo de síntoma. Suele haber ejercicios que uno debe realizar en casa, ya sean tareas escritas o actividades que debe de llevar realizadas a la siguiente sesión.
Formación
Un psicoanalista puede ser un profesional de la psicología, un médico, un filósofo… que ha hecho una formación específica en psicoanálisis.
Los tres pilares fundamentales del psicoanálisis son la formación continua, la supervisión de los casos con un profesional de más experiencia que enseñe qué escuchar, cómo intervenir y pueda ofrecer una guía, así como un buen análisis personal.
Los tres pilares fundamentales del psicoanálisis son la formación, la supervisión y el análisis personal.
Este punto último es verdaderamente importante. El análisis personal no solo se trata de aprender en carne propia qué es el psicoanálisis y cómo funcionan los entresijos de la psique, también asegura que se trabaje la propia historia de uno, iluminando los puntos ciegos que podrían interferir en escuchar correctamente a cualquier paciente.
Dentro de las diferentes instituciones de psicoanálisis que hay en España y en el mundo, cada una puede tener sus propios requisitos para considerar qué es un psicoanalista de “X” asociación.
Un conductista no está obligado a ninguno de los tres puntos anteriores.
Frecuencia de sesiones
En psicoanálisis hay diferentes formas de trabajo y líneas teóricas que comparten una base, pero que el encuadre -normas de trabajo- puede variar. De esta manera, podemos encontrarnos con análisis de una sola sesión a la semana, de dos o más sesiones. De igual forma, habrá profesionales que pueden considerar que se puede hacer un buen análisis cara a cara y otros que proponen que no se puede hablar de análisis si no hay diván.
Se puede hablar de psicoanálisis de una sesión, dos o más a la semana.
La frecuencia de las sesiones es un elemento fundamental en el trabajo pues permite que el paciente no solo ponga al día al analista de las cosas que le han pasado en la semana, lo que ha pensado o lo que le ha ocurrido, sino que además pueda llegar un poquito más allá, se pueda trabajar en la sesión y profundizar.
En cuanto al conductismo la frecuencia de las sesiones puede variar: una vez a la semana, una vez cada quince días, una vez al mes…
Duración del tratamiento
El psicoanálisis es un proceso, eso quiere decir que conlleva tiempo para que una persona pueda contar realmente las cosas que le sucedan, que pueda pensar sobre ellas y pueda ir más allá de su propio discurso conocido, permitiendo que en algún momento, pueda cambiar de posición en el mundo.
¿Esto quiere decir que uno se va a pasar infinitos años en un análisis? No, pero sí es un trabajo que requiere de tiempo para lograr un cambio real y duradero.
Para lograr un cambio real y duradero, se requiere de trabajo y de tiempo.
Sin embargo, la psicología conductual suele ofrecer terapias breves enfocadas en la eliminación de los síntomas a corto plazo. En mi opinión, el contra es que si uno no sabe qué sufrimiento es el que está generando esos síntomas, aunque se quiten temporalmente, el sufrimiento volverá a manifestarse de una u otra manera.