Ni todas las personas que caminan por la vida bajo el halo de la omnipotencia, ni todos aquellos que son mordidos a grandes o pequeños bocados por la inseguridad, cumplen con el mandato del titular. No todas las personas inseguras son omnipotentes, ni todos los omnipotentes son inseguros, pero lo que vemos en la consulta -y lo que uno puede ver en la calle en su día a día- es que sí son dos imágenes contrapuestas que se unen para encubrir algo.

¿Qué se entiende por omnipotencia?
Tenemos que salirnos un poco de la Real Academia Española para agrandar el término, aunque sea incorrecto, pero que nos sirva para englobar bajo una sola palabra más aspectos. Según la RAE, omnipotente es aquel que todo lo puede, atributo solo de Dios. Añadamos matices como:
La lista podría seguir alargándose con ejemplos cotidianos pero la acotaremos a esto. En definitiva, aunque todas estas cosas no sean sinónimo de omnipotencia, nos sirve condensarlas bajo ella para acotar ideas y continuar pensando.
Relación entre omnipotencia e inseguridad
Habrá quien lea todo lo anterior y considere que son aspectos de uno a valorar, cultivar y potenciar, pero lo que pasa desapercibido es el nivel de sufrimiento que genera en uno mismo ver y relacionarse en el mundo desde ese lugar.
La mínima pregunta o duda puede ser vivida como un agravio desproporcionado; en la misma proporción será su dolor.
La herida que puede suponer una pregunta, una opinión diferente, una duda, o algo que ponga en cuestión la imagen de omnipotencia que tanto trabajan por conservar para sí mismos, no solo para los demás, puede derivar en grandes pérdidas personales, sociales y profesionales. Lo que para unos puede ser normal, como debatir sobre cualquier tema, ellos pueden vivirlo como que se está poniendo en cuestión quiénes son, su inteligencia, su capacidad, etc.
Cuando alguien se exige un nivel de perfección absoluto en todo, no hay hueco para el mínimo error ni la mínima duda ni falla. Cuando estas aparecen puede sentir que el mundo entero se derrumba bajo sus pies, una angustia desmedida que le puede llevar a cuestionarse no algo pequeño, si no la vida entera, quién es.
Porque cuando uno construye una imagen tan protegida, tan sostenida por certezas y absolutos, una pequeña falla, la más mínima grieta, puede hacer que esa persona pase de verse gran-diosa a miserable. El dolor puede ser atroz.
La mínima falla hace que se vea de gran-diosa a miserable.
A mayor omnipotencia, mayor inseguridad. Pensándolo así, tal vez podríamos plantearnos que toda esa omnipotencia no deja de ser un velo para encubrir el gran temor que sufre esa persona de enfrentarse a la idea de no ser quien cree que ha de ser.
¿De dónde me viene esto?
Y ¿por qué será que creo que he de ser así?, ¿de dónde viene todo esto?, ¿cómo comenzó?, ¿por qué soy así?, ¿cómo lo cambio?
Cuando en consulta, despacio, con cariño, al ritmo de cada uno, uno comienza a ver todo el entramado que ha construido para evitar verse de cierta manera, las preguntas comienzan a aparecer. Uno desea saber más, quiere entender y comprender, sobre todo uno suele querer deshacerse lo más rápido posible de aquello que le está haciendo sufrir. Lo que sí puedo decir ahora es que las respuestas uno tiene que construirlas, no hay una respuesta para todos, así como no hay una historia común en cada uno.
Pero, también es cierto, no todo el mundo puede sostenerlo. A veces, la necesidad de la certeza, de mantener la imagen infranqueable, es más grande que el dolor que genera. A veces, uno no puede sostener la pregunta, no quiere saber. Otras veces, solo se requiere de más tiempo para estar listo. Tal vez en otro momento uno pueda encontrar algo de uno que le permita empezar a pensar algo nuevo.