Según la Organización Mundial de la Salud, 359 millones de personas sufren de ansiedad en el mundo, pero ¿qué es la ansiedad?, ¿qué hay detrás de la palabra ansiedad?

¿Qué es la ansiedad?
La ansiedad es una manera de expresión de un conflicto interno, esto quiere decir que es un conflicto único, propio, intransferible a otros. Por tanto, aunque se use el mismo término para definir una serie de síntomas que pueden sentir muchas personas en diferentes partes del mundo, lo que se esconde detrás de la palabra ansiedad es el enigma de un conflicto personal que hay que poder descifrar, apalabrar y resolver para que no solo los síntomas -señales de un sufrimiento- desaparezcan, sino que también se puede trabajar el propio conflicto que impide disfrutar realmente de la vida.
La ansiedad es el enigma de un conflicto personal que hay que poder descifrar, apalabrar y resolver.
La ansiedad tiene que ver con poner la mirada en el futuro, da igual que sea cercano o lejano. Y qué es el futuro si no aquello que no sabemos qué es ni será, lo que no podemos controlar, lo que nos confronta con un sinfín de posibilidades que pueden ser maravillosas o miserables.
Tiene sus raíces intrincadas en la incertidumbre y en el deseo de controlar aquello que es incontrolable. El futuro no se predice, no se controla, no se puede tocar ni manejar, solo está allí, en un tiempo que vendrá y devendrá. Y cuando nos enfrentamos ante el agujero que es el futuro, ese que no sabemos qué contenidos tendrá, uno lo rellena con sus fantasías, por lo que para aquellos que sienten que nada les sale bien, suelen imaginarse un futuro desgraciado o catastrófico como única posibilidad.
La ansiedad tiene sus raíces intrincadas en la incertidumbre y en el deseo de controlar aquello que es incontrolable.
¿Cómo se expresa la ansiedad?
La manera en la que ese sufrimiento sale a la luz, los síntomas, suele diverso y variará en cada persona.
Ansiedad y nerviosismo ¿Es lo mismo?
Desde hace años los términos clínicos se utilizan en la vida diaria como si formaran parte del lenguaje mismo, como si ansiedad y nerviosismo fuesen lo mismo. No lo son.
Una de las diferencias fundamentales es que estar nervioso ante una situación concreta no solo es normal, si no que incluso puede categorizarse como algo adaptativo que -según la persona- puede favorecer mayor concentración, actividad e incluso preparación ante ese suceso. Sin embargo, la ansiedad hace referencia a una preocupación desproporcionada por algo que puede ser concreto o no, y que despertará toda una serie de reacciones físicas, mentales y afectivas que dificultan el día a día.
Dependiendo del grado de ansiedad, el nivel de sufrimiento puede ser muy elevado; llegando a interrumpir, dificultar o dañar las relaciones sociales, laborales y afectivas.
Mientras que el estado de nerviosismo desaparece cuando uno se ha enfrentado a la situación que le preocupaba, la ansiedad se mantiene. El nivel de activación puede disminuir pero el malestar perdura o volverá al poco tiempo.
¿Por qué tantas personas sufren de ansiedad?
Realmente, desconozco si la estadística que muestran diferencia entre una ansiedad adaptativa, que podríamos llamar nerviosismo, o si consideran que todos esos millones de personas padecen una ansiedad incapacitante, o qué baremos son los utilizados para compartir tal dato.
Las razones son muchas y muy diversas. Sin ánimo de profundizar en todas ellas, podemos pensar en los libros de Un mundo feliz de Huxley, 1984 de Orwell o El Señor de los anillos, de Tolkien, y hacer una lectura de la sociedad actual. Publicaciones más actuales son las del filósofo Byung-Chul Han, con reflexiones como el ser humano ahora se explota a sí mismo y cree que está realizándose.
Ahora se explota a sí mismo y cree que está realizándose.
La dificultad para establecer límites dentro y fuera. La exigencia desmedida. La tergiversación del lenguaje. La vulneración de los derechos fundamentales. El que parece que todo se puede y todo vale en los representantes políticos del mundo, y a pie de calle. La dificultad para tener un trabajo estable a pesar de tener todos los méritos, para tener una vivienda, para llevar a cabo un proyecto familiar, social o profesional. La sensación de incapacidad para cambiar las cosas. El uso desproporcionado de medicamentos para acallar los síntomas sin pararse a apalabrar qué es lo que se esconde detrás de la ansiedad, agrava. Más a todo esto hay que sumarle lo que tiene que ver con los conflictos internos y propios de cada uno, su manejo con su deseo y con sus dificultades.
Es cierto, caminamos en tiempos complejos, pero cada uno somos responsables de nuestra propia vida.