Etiquetas diagnósticas, el peligro de una nueva identidad

Proceso terapéutico

Un diagnóstico, más allá de una calificación realizada por un profesional o el autodiagnóstico que realiza uno mismo por internet, también se convierte en una etiqueta diagnóstica.

armario antiguo con cajones que tienen diferentes colores al frente.

Si nos vamos a la RAE y buscamos el significado de la palabra etiqueta, entre muchas acepciones, hay dos que nos sirven para continuar a pensar el motivo de este artículo. Parafraseando, una etiqueta se trata de una pieza que se coloca para la identificación o clasificación; también se entiende como etiqueta la calificación estereotipada y simplificadora.

Algo que se coloca sobre algo o alguien; identificación; clasificación; calificación estereotipada; simplificadora.

En estas acepciones ya encontramos palabras que nos pueden ayudar a pensar: algo que se coloca sobre algo o alguien; identificación; clasificación; calificación estereotipada; simplificadora.

El peligro de los diagnósticos en salud mental

Más allá de la intencionalidad práctica o clínica que puede suponer para un profesional diagnosticar a un paciente, es importante que nos planteemos los peligros que entraña colocar una etiqueta diagnóstica, tanto para el trabajo a realizar por el profesional como para el propio paciente, así como el efecto que puede tener en su entorno afectivo, social y laboral.

Para el paciente

Un diagnóstico también sirve para taponar y englobarlo todo bajo una única palabra a la que se le supone la razón de todo.

En un momento de desesperación, de incomprensión, de búsqueda incansable de respuestas que den aliento y una razón para ciertos hechos, para las propias preguntas existenciales o ante la dificultad de saber quién es uno, un diagnóstico puede ser recibido como un salvavidas, como el traductor de todo lo que ocurre.

La parte preocupante es que también sirve para taponar y englobarlo todo bajo una única palabra a la que se le supone la razón de todo. En estos casos, el diagnóstico llega para calmar. Se acabaron las preguntas, las inquietudes se tapan y la razón para cualquier cosa que suceda a posteriori será retomar la palabra diagnóstica para dar respuesta.

El peligro para la persona que recibe la etiqueta diagnóstica es que ésta se puede convertir en su seña de identidad, como si el diagnóstico hablará de quién es. En esta forma de apropiarse de la etiqueta uno puede ver cómo quedan borradas sus cualidades, sus características propias como individuo, su singularidad y su subjetividad, para definir lo complejo de ser uno mismo en la simpleza de un diagnóstico.

Yo soy mi diagnóstico.

A su vez, dicho diagnóstico puede utilizarse -sin darse cuenta- como una manera de excusarse y evitar las responsabilidades de la vida.

Otro uso frecuente del diagnóstico es utilizarlo para eludir cualquier pregunta que pueda convocarle a uno. Es habitual que, en estos casos, hayan leído todos los síntomas que refieren los manuales diagnósticos a dicha etiqueta y, desde ahí, los conviertan en causa, consecuencia y respuesta para todo lo que pueda suceder, evitando de manera automática hacerse cargo de lo que tienen que ver con ellas.

Además, es importante que tengamos siempre presente qué ha supuesto para el entorno de la persona el diagnóstico, pues las respuestas pueden ser muy variadas; sus efectos también. Desde despertar agresividad o desprecio hacia el diagnosticado, como hacer que sea visto como una persona incapacitada para la vida, alguien de quien ya no se puede ni pedir ni esperar ni exigir nada, etc.

Puede convertirse en una segunda piel para el paciente y un filtro a través del cual todos la mirarán.

Por ello en este artículo se plantea que una etiqueta diagnóstica es peligrosa, ya que puede convertirse en una segunda piel para el paciente y un filtro a través del cual todos la mirarán. Una losa que puede dificultar su vida, la manera en la que se presenta y sale al mundo, lo que su núcleo más cercano puede influenciar sobre ella, al igual que en lo laboral y lo social.

Para el profesional

El peligro que entraña estar a la búsqueda de poner una etiqueta diagnóstica como profesional es que uno pueda quedarse ciego y sordo ante la persona que tiene delante. Colocar una etiqueta puede dificultar una escucha abierta y receptiva, impedida por las teorías preconcebidas que el profesional puede tener demasiado presente, traduciendo todo lo que escucha desde ese diagnóstico.

Mª ángeles Barja

Avd. de América 12, bajo D.

Tlf. 650 230 647

mangelesbarja@gmail.com

ACERCA DE ESTE SITIO
Centro sanitario autorizado por la CAM.
Número de Registro: CS20057
Colegiada M27571. Colegio de Psicología de Madrid.