Toda elección implica una renuncia

Síntomas y malestares

Tal vez, lo complejo de hacer una elección, que viene a ser lo mismo que tomar una decisión, es que nos sitúa de lleno ante la imposibilidad de poderlo todo, de tenerlo todo. El acto de elegir o decidir es tener que acatar un límite, como si se tratara de una ley que dice «todo no se puede».

dificultad para tomar una decisión

Elegir es aceptar que no todo es posible

El lenguaje, en sí mismo, ya nos indica la limitación. Si la propuesta es «escoge entre A y B», ya la propia lengua nos señala que las dos no, es decir, todo no. Por ello, cada vez que uno elige acepta la renuncia de la opción no elegida. En teoría.

Digo que en teoría porque cada uno tiene su propia manera de enfrentarse a la imposibilidad, a la renuncia, al no todo. Los hay que lo asumen, otros que lo bordean, que lo intentan saltar, que se lo llevan por delante… Las opciones son tan diversas como humanos en el mundo.

Vivir sin elegir

Si nos paramos un momento a pensar, tomar la decisión de no elegir nada es una elección en sí misma. Pero, más allá de ese hecho fundamental, hay quien procura ocupar un lugar pasivo en cuanto a las decisiones dejándose llevar por las supuestas elecciones que ya le vienen dadas por el transcurso de la vida.

A veces, la justificación puede comenzar con una frase común como si es para mí… De esta manera, parecieran refugiarse lejos del acto activo de la elección, a refugio de su propio deseo y de la convocatoria del límite.

Un ejemplo que nos permite acercarnos a esto, de una forma cómica, es el capítulo en el que Sheldon Cooper decide liberar su mente de las decisiones triviales y sigue las respuestas de los dados.

Sufrir por lo no elegido

Hay quien se anima a elegir pero, en lugar de disfrutar o sentirse satisfecho con la opción escogida, no pueden dejar de sufrir por la opción que no escogieron.

Un ejemplo sencillo es escoger la comida en un restaurante. Uno se anima a escoger entre toda la carta, hace una buena elección pero, de repente, cuando le llega su plato y ve el del otro comensal, quiere el que no escogió. Por mucho que su plato sea delicioso, que sea lo que quería, no puede dejar de lamentarse por no haber escogido otra cosa.

Ahora bien, podríamos preguntarnos, si hubiera escogido el otro plato, ¿se repetiría la misma situación?

La duda interminable

Hay a quien le resulta complejísimo enfrentarse a la toma de decisiones. Cuando escogen una opción, al momento se desdicen, y vuelve todo a empezar. Si seguimos con ejemplos fáciles de ver, la serie «Monk» presenta este tipo de situaciones de forma recurrente.

Sin que sea algo tan vistoso ni tan llamativo, también hay personas que se pasan días, semanas o incluso meses rumiando cuál es la mejor decisión. Pensémoslo no como a ver qué elijo, si no a qué renuncio y las implicaciones que eso provoca.

Por ejemplo, si uno se compromete a tener una relación monógama está escogiendo a una persona y debe renunciar a las demás. Esto puede derivar en preguntas como ¿Y si no es él/ella? Habré perdido el tiempo, ¿Y si hay alguien más maravilloso por ahí?

Seguir el consejo

Ante el temor a tomar una mala decisión es frecuente que, ante decisiones importantes, uno pida un consejo, se desahogue o busque otro punto de vista para sentirse más seguro a la hora de dar un paso.

Después nos encontramos a quienes se refugian en el consejo o directriz del otro para evitar exponerse a lo que quieren, a la posibilidad de equivocarse, a no tener que elegir ni renunciar a nada de sí mismos.

Por ejemplo, Voy a hacer lo que me ha dicho mi padre porque si sale mal, se confunde él no yo. Nadie podrá decirme nada, yo no fui, hice lo que me dijo.

Elegir para otro

También hay quienes eligen en función de lo que creen que los otros esperan. Es una manera rápida y directa de intentar complacer a la persona amada, de procurar ser estupendo para el otro (el mejor hijo, amigo, pareja, etc.) pero se han perdido así mismos de vista.

Aquí, además, la renuncia que cuesta hacer es otra.

Si quieres, puedes

Pues va a ser que no. Por supuesto que hay situaciones en la vida que requieren de ser activo, perseverante y que hay que luchar por los deseos que uno tiene, pero la frase si quieres, puedes no representa la realidad.

Asumir que no todo lo que uno quiere es posible es fundamental para disfrutar mejor de la vida, para elegir con más tranquilidad y vivir lo perdido desde un lugar que pueda adquirir sentidos, no hoyos que entorpezcan ni sufrimientos que vuelvan a reactivarse una y otra vez.

Si crees que puedo ayudarte, cuéntame.

Mª ángeles Barja

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