Los desafíos emocionales del psicólogo principiante en la práctica clínica

Profesionales

Este fin de semana tuvo lugar un encuentro en Forum Infancias Madrid con Akelarre, un grupo de psicoterapeutas que han creado un espacio de autocuidado y apoyo mutuo entre ellos. De las horas que compartimos surgieron preguntas interesantísimas, una de ellas es la razón de que hoy me haya sentado a escribir.

La opinión que compartía una de las integrantes de Akelarre es que, sin poder llegar a citarla, poco se habla de la vulnerabilidad del psicólogo novel por parte de otros psicólogos con más experiencia. Mi vivencia no ha sido la misma, he podido contar supervisores, analistas y profesores con los que he trabajado para romper el fuerte ideal y la gran exigencia con la que todos comenzamos nuestra práctica.

Si los que contamos con espacios así, igualmente, hemos tenido que luchar contra nuestro propio requerimiento de lo que debemos de escuchar y cómo intervenir en consulta, los que no han contado con esa vivencia han debido de sentir una vulnerabilidad mayor frente al propio ideal. Por ello, me sentí interpelada y me animé a escribir sobre ello.

¿Qué es ser un psicólogo?

Esta pregunta nos abre la puerta no solo a pararnos a considerar cuál es la imagen y los atributos que tenemos asociados al papel de psicólogo, es decir, a quiénes somos o deberíamos ser nosotros como psicólogos, si no también a poder ver cuál es la imagen del psicólogo desde fuera, que también nos alcanza de una u otra forma.

Tanto en mi época de estudiante como de profesional, tanto dentro de la consulta como fuera de ella, me sigo encontrando con una imagen externa de la psicología que siempre me saca una sonrisa. Desde no creo en la psicología, como si se tratara de una religión a la que hay que adscribirse para poder disfrutar del beneficio de la palabra enlazada, a seguro que puedes adivinar en lo que estoy pensando ahora mismo, que se produjo después de la pregunta ¿estudias o trabajas?, o claro, como sois psicólogos no sufrís de estrés, pues la carrera nos inmuniza de nuestra propia humanidad. Un efecto curioso también puede darse en un contexto de tonteo pues responder a qué se dedica uno puede derivar en una pseudo-sesión allí mismo, que la otra persona se asuste no me estarás analizando, ¿no?, o le consideren a una un gurú de la vida que le puede ofrecer las respuestas a sus inquietudes vitales o la respuesta a sus sueños recurrentes.

Si todo esto lo puede despertar la afirmación «soy psicóloga», ¿qué no va a despertar en nosotros, en nuestro imaginario, dicho papel?

En base a mi experiencia y mi convivencia con otros compañeros de profesión, me atrevería a decir que hay una imagen compartida que circula en la cabeza de casi todos los estudiantes de psicología clínica -imagino que para el resto de especialidades podemos hablar de lo mismo dentro de sus áreas- y es que cuando llegue el momento de sentarse frente a un paciente uno debe de tener el saber. Debe saber qué decir, qué hacer, qué le pasa al paciente en los primeros minutos o ya en la primera entrevista, qué pregunta es la adecuada, qué intervención es la ideal para llegar a ese lugar que le quite el sufrimiento, etcétera.

Hay una exigencia propia, desmedida e imposible de alcanzar que también crece exponencialmente cuando uno no deja de escuchar en sus primeros pacientes que ya quieren estar bien, se quejan de que han pasado tres sesiones y siguen igual, quieren que se les dé una solución no quieren pensar nada de sí mismos… ¿Y qué sucede? Que la presión y la exigencian encuentra el aire para avivar el fuego que uno ya tenía dentro. ¡Nos gobierna el furor sanandi!

El encuentro con los primeros pacientes

Concretemos. Los primeros pacientes no son del 1 al 5, los primeros pacientes pueden ser los primeros años de trabajo de un psicólogo. Como ya sabemos, no hay tiempos concretos para que uno pueda llegar a sentir que se puede acomodar bien en la silla del terapeuta, que puede escuchar en todos los niveles necesarios (lo que se dice, lo que no se dice, lo que está entre líneas, lo que va más allá, etc.), que pueda intervenir de una manera que le deje tranquilo y que permita avanzar el trabajo. No hay un tiempo establecido porque, para poder escuchar a otros de una manera satisfactoria, se requiere de trabajo personal y de entender que esta profesión es una carrera de fondo.

El encuentro con los primeros pacientes siempre también será un encuentro con uno mismo de una manera en la que nunca antes te habías visto.

Aparecerán miedos a no dar la talla, a no hacerlo bien, a que se den cuenta de que no tienes experiencia; estará la pregunta de si sirves o no sirves para esta profesión; te darás cuenta de que hay muchísimas cosas que no sabes; a veces te angustiarás mucho y querrás llorar, y llorarás; en otras ocasiones, te sorprenderás a ti mismo, otras veces querrás huir y pensarás que no sabes nada; otras veces te asustarás al mirar la agenda y ver que te toca, nuevamente, ese paciente; descubrirás que no puedes trabajar con todo el mundo y que no todo el mundo tendrá una buena transferencia contigo pero ¡no es el fin del mundo! Es como la vida misma. No le gustas a todo el mundo, pero le gustas a los suficientes.

Las emociones con esos primeros pacientes, con esos primeros encuentros, suelen ser estresantes, angustiosos y uno puede sentirse como un flan. Uno se descubre en una imagen muy diferente a la que tiene sobre qué es ser un buen psicólogo y cómo debería ser ese psicólogo. Esa imagen que se bombardea a cada rato, cada día de consulta y que le recuerda a uno que no es perfecto, ni puede leer el pensamiento del otro, ni es un gurú y también sufre. Pero, ¿Quién dijo que esa es la imagen correcta del psicólogo?

Todos los comienzos nos confrontan pero nadie lo sabe todo, ni siquiera los que llevan toda la vida trabajando en esta profesión. El que se piense que sí, ya erró. Cada paciente es único, cada paciente es un encuentro nuevo y, por tanto, no existe teoría que lo encaje ni lo enmarque en un lugar repetido. Puede agobiarte esta visión pero descubrirás que, en los momentos en los que la angustia baje, es un trabajo apasionante.

Es importante que te des cuenta del ideal imposible que has construido de la figura del psicólogo y de que, probablemente, te imagines que otros compañeros o colegas tuyos lo hacen mejor que tú, saben más que tú y que ellos encarnan ese ideal que tú te imaginas, pero al que tú no llegas. La realidad es que, en esta profesión, no hay nadie que empiece sabiendo. Nadie. En mis formaciones y conferencias, psicoanalistas brillantes nos han recordado a todos -de una gran variedad de años de experiencia- que la teoría hay que olvidarla para poder escuchar. Es decir, no es cuánto sabes lo que mejora tu trabajo, es tu capacidad de escucha y esa la da el trabajo personal, la supervisión y la experiencia práctica.

Autocuidado del psicólogo: El trabajo personal

Si quieres ser un buen profesional de la psicología, seas de la orientación que seas, el trabajo personal es fundamental e imprescindible. Piensa que cuando te cuidas, no solo te cuidas a ti, ofreces un buen servicio a tus pacientes.

El encuentro con un paciente siempre va a requerir de la escucha y la escucha es nuestra, subjetiva, propia, nos traspasa, nos puede conmover y despertar aspectos propios. Solo por el hecho de sentarnos a escuchar, que no oír, acompañar y sostener con nuestra mirada, con nuestras palabras, con nuestro cuerpo también, estamos siendo convocados por completo. No hay manual ni orientación teórica que nos proteja de esto.

La única protección que podemos encontrar es la del trabajo personal y la supervisión. La formación teórica es importante, pero en un trabajo personal y en una supervisión también se encuentra la formación. Cuando uno es escuchado también aprende a escuchar, vive las interpretaciones y las intervenciones, vivenciará un insight, el valor del silencio, de los tiempos en el proceso, de las intervenciones que entran con vaselina a los que despiertan las defensas de uno. Desde ahí, también uno también se va construyendo como terapeuta. Pero no solo por esto es importante el trabajo personal.

Hay que acudir a terapia, ser paciente y trabajar los los puntos ciegos que, como humanos, tenemos. Se trabaje o no desde una línea psicoanalítica, sí recomendaría a cualquier profesional que opte por esta opción para el trabajo personal puesto que no se va a quedar únicamente en la superficie, si no que podrá poner luz a las repeticiones, reestructurar los malestares y posibilita una escucha amplia que mejora la propia escucha.

Por mucho que podamos trabajar la neutralidad y la objetividad en nuestras consultas, escuchamos con lo que somos, con cómo vemos la vida, aunque luego lo traslademos o no en nuestras intervenciones, ese será nuestro filtro. Cuanto más trabajado y ordenado pueda estar uno, mejor escucha, mejor intervención, mejor trabajo puede ofrecer.

Autocuidado: Supervisar calma

Ya sé que puede dar mucho miedo ir a supervisar con un profesional de más experiencia y que internamente te pueden atosigar preguntas como ¿pensará que no valgo para esto?, pero ese no es el lugar del supervisor.

El supervisor calma, acompaña, te escucha a ti y escucha a tu paciente, te ayudará a pensar por dónde ir, qué decir, cómo intervenir, qué está sucediendo. Irás asustado y saldrás ligero como una pluma pues las preguntas, los miedos y la vulnerabilidad de estar solo con tus primeros pacientes se irán al traste. No desaparecerán las preguntas ni la exigencia, esas son para trabajarlas tú como paciente, pero sentirás que puedes ir armando tus pacientes, pensarlos con alguien que puede guiarte y que mejorará tu trabajo.

En un artículo próximo hablaré más de la supervisión, los tipos que hay, lo que implica y también lo que nos puede movilizar.

Supervisando podrás pensar desde un lugar mejor a tus pacientes, te darás cuenta de que a veces hay cosas que son tuyas y que, en otras ocasiones, tiene que ver con el tipo de paciente. Y esta doble visión te permitirá cuidarte, porque irás más tranquilo a la consulta y con otra disposición, y eso repercutirá enormemente en tu propia satisfacción y en la calidad del trabajo que realices.

Palabras finales

Palabras para finalizar este texto pero que continúan en otros artículos o que podemos tratar por email.

La psicología, para mí el psicoanálisis, es un trabajo verdaderamente apasionante. El inicio, sin duda, puede ser duro puesto que uno tiene que trazar sus propios caminos, construirse en una figura que no existía antes, hay que aprender mucho y, a veces, guardarlo bien adentro para que parezca que uno lo ha olvidado para escuchar al paciente y no estar encasillándole en ningún lugar.

Recuerda que aunque seas un profesional de la psicología eres humano, con sus fallas, sus imperfecciones y esas características hermosas tuyas que podrás poner en juego en la consulta a beneficio de tu paciente.

Estamos en una sociedad que lo quiere todo ya, este es un camino en el que siempre estamos aprendiendo y reaprendiendo. Es un camino para disfrutar despacio, saboreando, apoyándonos en pilares fundamentales: colegas, trabajo personal, supervisión y formación. Todo ello, hará que sea aún más satisfactorio para ti y tus pacientes. ¡Feliz camino!

Mª ángeles Barja

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